Para repasar quiénes son los narradores...

Andruetto elige un género tradicional en la literatura pero utiliza, en su novela, procedimientos innovadores, poco frecuentes en los textos destinados a un público joven: la historia es contada por dos narradores.

                El primer narrador que encontramos es un narrador omnisciente, que cuenta la historia desde que Stefano parte de Italia con sus amigos (Bruno, Pino, Remo y Ugo) en el periodo de entreguerras hasta que conoce a su esposa, Ema, en la ciudad de Rosario. Ese relato es lineal: no hay ningún salto en el tiempo y el narrador parece ir descubriendo la historia al mismo tiempo que nosotros, los lectores.

                El segundo narrador es Stefano Pronello. Él está al final de su viaje y le cuenta su historia a Ema, una mujer que desconocemos (es decir, el texto plantea un enigma que iremos resolviendo durante la lectura).

                La narración que realiza el joven describe con detalle su vida antes de la partida a Argentina y no es lineal, sino que está plagada de saltos en el tiempo (“analepsis” o “flashbacks”), que registran las conversaciones en discurso directo entre Stefano y su madre, Agnese. Estos diálogos no presentan guiones para orientar al lector, pero, al menos, las intervenciones de la madre están resaltadas en negrita.

                Tipográficamente, el cambio de narrador no está marcado en el texto. El lector tiene que deducir el cambio a través de algunas claves: la presencia del narratario, Ema, al que el narrador se dirige casi en cada párrafo, así como el cambio del narrador en tercera al narrador en primera, con una fuerte presencia del pronombre “yo”  (que en español no es obligatorio).

Cada línea narrativa (voz) va dejando vacíos que la otra va completando. Por ejemplo, el lector va descubriendo detalles sobre el padre de Stefano en ambas narraciones. Primero Stefano dice casi al pasar que ha muerto:

“Se llamaba Agnese, pero casi nadie la llamaba por su nombre.

Vestía de negro, de negro hasta las enaguas.

Desde que mi padre murió ni hizo otra cosa que arrastrar ese carro”.

Después la narración lineal nos da un poco más de información:

“Los dos quedaron en silencio, Remo pensando quizás en su padre y Stefano sin encontrar una huella del suyo, salvo la fotografía que lleva su madre en la ropa. Es la foto de un hombre alto, vestido con el uniforme de los alpinos pero está muy ajada y se le ha borrado el rostro”.

Y la historia se completa en el relato de Stefano que vuelve sobre el tema:

“No conocí a mi padre, Ema”.

Murió en el Piave, durante la guerra.

Dicen que el agua corrió encarnada de tanto llevarse la sangre de los soldados, también la de mi padre.

Cuando nací, ya había muerto.

Todo lo que recuerdo son esas canciones que hablan de muchos hombres sangrando en el agua. Y mi madre que dice que ha muerto junto al Piave. Y una foto, la única que tenemos, que ella guarda bajo la blusa”.

         Mediante este ejemplo, vimos cómo cada una de las voces se complementa con la otra. Así, podemos concluir que ambas son necesarias para mostrar la configuración del “yo” (la identidad) del personaje principal.

 

 

 

Fecha: 16/4/2018 | Creado por: Franco
Categoria: 1T
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