Para analizar género dramático

Polifonía informacional

Barthes

Roland Barthes, en sus Ensayos críticos, definió al espectáculo teatral como una gran máquina cibernética que descansa mientras el telón está bajo, pero, cuando éste se levanta, empieza a trabajar produciendo cantidad de mensajes. A este fenómeno de mensajes simultáneos y sucesivos, Barthes lo denominó polifonía informacional. Esta forma de llamar a lo que el espectador ve en escena implica entender que todo en el teatro es signo de algo y significa algo. Partiendo del concepto lingüístico de Ferdinand de Saussure que dice que el lenguaje es un sistema de signos que expresan ideas, podemos entender que todo lo que aparece en un escenario (los diferentes códigos) constituye un sistema significante cuyos componentes aportan los significados del conflicto que desarrolla la representación escénica.

  Los sistemas de signos forman códigos[3] y podemos dividir los signos escénicos, primeramente, en dos grandes clases: los códigos lingüísticos y los códigos no lingüísticos.

  Los códigos lingüísticos son los que trabajan en el teatro con la palabra y es la parte del mismo que se nutre, total o parcialmente, de la obra dramática que describimos más arriba, es decir, de la parte literaria del género dramático. Sabemos que durante mucho tiempo (teatro clásico y moderno) el texto dramático y su autor ocuparon un lugar excluyente en el espectáculo teatral. Con el tiempo, la palabra escrita fue perdiendo su lugar predominante y contemporáneamente suelen representarse creaciones colectivas que no parten de una obra dramática determinada, sino que el espectáculo es producto de la creación escénica de los mismos actores o directores. También son frecuentes las adaptaciones de textos clásicos en las que predomina la total visión del director en su lectura del texto dramático. Así, en el teatro contemporáneo, la figura del director como el artista creador de la puesta en escena, asumió un lugar preponderante. Actualmente, existe una especie de equilibrio y una revalorización de la obra dramática aunque con distinto signo que el de los autores tradicionales. Hay autores jóvenes que plantean una dramaturgia de actor y suelen escribir pensando mucho más en la representación en su totalidad, que en la obra dramática, literariamente hablando, como algo aislado y previo a la representación, como lo era tradicionalmente. No es casual que esos dramaturgos sean, a la vez, también actores y directores de sus obras.

  Pero la palabra es sólo una parte del espectáculo teatral ya que se utilizan códigos no lingüísticos que componen otra parte tan importante de la representación como la palabra. Estos códigos son los tonos de la voz, los ademanes y movimientos del actor con los que acompaña la palabra hablada; también el maquillaje, el peinado y el vestuario que caracterizan al actor como personaje de un lugar, de una época, etc. Hay, además, elementos que están fuera del cuerpo del actor que tienen que ver con el ámbito donde se desarrolla la acción: la escenografía (ambientación del espacio escénico),  accesorios (elementos que utilizan los actores en su accionar), iluminación, música y ruidos o efectos sonoros. 

Además, algunos de estos signos son auditivos y otros visuales, algunos corresponden al espacio escénico y otros al tiempo de representación o transcurrir escénico. Cabe aclarar que cada uno de estos códigos funcionan como un sistema en sí (el código y sistema de la palabra, el de la iluminación o el del sonido, por ejemplo) que se interrelacionan con los demás códigos escénicos (el vestuario, el maquillaje, la escenografía, entre otros) formando entre todos el sistema significante de esa puesta en escena, según lo explica Barthes cuando habla de polifonía informacional.

  ¿De qué modo funciona cada uno de estos signos en relación al otro con el que convive en la escena? En general, vemos que la escenografía ambienta el escenario de acuerdo al conflicto que se desarrollará en ese espacio; o que el vestuario, peinado o maquillaje caracterizan al personaje de acuerdo a su desempeño en la obra. Pero puede suceder, también, en especial en las puestas contemporáneas, que estos signos aporten significados autónomos o incluso que contradigan lo que otros códigos escénicos sugieren. Por ejemplo, si un maquillaje estereotipado que denota una sonrisa en la cara del personaje, se mantiene fijo durante el desarrollo de la obra, aún en una escena trágica o dramática (en el sentido de problemática) esa sonrisa connotará una contradicción que habrá que interpretar a la luz del conflicto y la ideología que se desee transmitir. O, si una música triste acompaña una escena cómica puede estar mostrándose un problema implícito que el espectador deberá decodificar. Es decir, los significados que arrojan los signos escénicos son múltiples y variados y dependerá de la poética de la puesta, el valor significante que asumirá cada uno de ellos.

Cualquiera de los signos escénicos, que aparecen en los cuadros expuestos más arriba, funciona de manera realista si la forma en que son usados trata de copiar la realidad y reproducirla en escena; pongamos por caso que se quiere escenificar un living de manera realista, se pondrán en el espacio escénico todos los elementos que habría en un living real, para generar la ilusión de realidad propia de este género

Funciona de manera indicial si, con algún o algunos elementos, se da indicios o  se sugiere lo que se quiere transmitir; siguiendo con el ejemplo del living, con colocar un sillón y una mesa ratona, ya se logra dar idea del living. 

Si, por último, se quieren utilizar cualesquiera de los códigos mencionados de modo simbólico, se apelará a colores, texturas, formas (u otro tipo de signos) que representen algún concepto abstracto o idea que tenga que ver con el conflicto o esa visión de mundo que se desea transmitir. Así, si se quiere simbolizar la muerte, se usarán colores oscuros o pueden aparecer palomas que simbolicen la libertad, por tomar símbolos convencionales de nuestra cultura, aunque otros pueden ser mucho más complejos

Fecha: 14/4/2017 | Creado por: Paola Laura