¿Por qué estudiamos la consolidación del capitalismo? ¿Cómo repercutió en los trabajadores la consolidación de la industrialización? Partiremos de estos interrogantes para profundizar como fueron esos cambios en la primera mitad del siglo XIX

¿Por qué estudiamos la consolidaciòn del capitalismo?

El desarrollo industrial, el progreso, la miseria, la participaciòn polìtica y los conflictos sociales son algunos de los temas que actualmente preocupan a nuestra sociedad. Muchos de ellos surgieron durante la etapa en que se fue consolidando el capitalismo en la primera mitad del siglo XIX.

Ya conocen los efectos econòmicos y sociales que produjo la Revolución Industrial en Inglaterra y también los resultados políticos que tuvo la Revolución Francesa desde finales del siglo XVIII. Pero luego del proceso de la doble revolución, ¿por qué no se expandió la industrialización a  todos los países del continente europeo? ¿Cómo repercutió en los trabajadores la consolidación de la industrialización? ¿Son semejantes los problemas que hoy día tienen los obreros a los que tuvieron en aquellos tiempos? Los valores burgueses, sus aspiraciones y ambiciones, ¿se parecen en alguna medida a los de nuestra sociedad contemporánea?

 

EL CAPITALISMO

 El sistema fabril de producción estuvo ligado al nacimiento y consolidación del capitalismo industrial como sistema económico y del liberalismo como doctrina económica. El nuevo sistema instauró la división entre capital (burguesía) y trabajo (proletariado), la apropiación individual de las ganancias, y la reinversión y la innovación técnica constantes como elementos necesarios para el mantenimiento del sistema.
 
Rasgos fundamentales del sistema capitalista
El capitalismo es un sistema en el que los instrumentos de producción, es decir, las fábricas y los stocks de bienes son, predominantemente, de propiedad privada. Esta propiedad se concentra en muy pocas manos, en la burguesía, lo que hace que una parte muy grande de la población, el proletariado, no tenga ninguna propiedad relacionada con la producción, y posea únicamente la fuerza de su trabajo, que tiene que vender a cambio de un salario. Asimismo, y para que los capitalistas vivan de su propiedad, es necesario que los trabajadores produzcan más de lo que ganan, es decir, generen un excedente, que es el elemento esencial del beneficio capitalista.
Además, el capitalismo es un sistema de iniciativa libre, no planificado, que tiene como objetivo la obtención del máximo
beneficio. Es decir, es un sistema de libre competencia entre individuos particulares, sin intervención del Estado, en el que el mercado sólo se regula mediante la ley de la oferta y la demanda. La competencia entre los empresarios para conquistar mercados provoca una carrera permanente para reducir costos y precios, y para desarrollar nuevos productos, lo que se convierte en un incentivo para la constante renovación tecnológica.
Sin embargo, la falta de planificación y el aumento progresivo de la producción provocan crisis que se repiten cíclicamente. Las crisis no son, por tanto, ocasionales o producto de un fallo del sistema capitalista, sino una forma de recuperar el equilibrio entre oferta y demanda cuando éste se pierde por exceso o defecto de una u otra. A lo largo del siglo XIX, las viejas crisis de subsistencia ligadas a las malas cosechas, típicas del sistema feudal, fueron siendo sustituidas por las crisis de sobreproducción industrial. En estas crisis se da un exceso de producción en relación con la capacidad de consumo. Los productos no se venden, los precios se hunden, los beneficios bajan, las empresas cierran y el desempleo se extiende. En esta situación, sólo los empresarios más fuertes sobreviven y sólo ellos son capaces de innovar para encontrar nuevos productos o nuevos mercados que vuelvan a generar demanda. Por tanto, el capitalismo tiende necesariamente a la concentración de empresas y capitales, tanto por la necesidad de grandes capitales para innovar e invertir, como porque sólo los más fuertes resisten las crisis.
 
El capital: sociedades y bancos
En la economía industrial el capital se convierte en un bien esencial para el funcionamiento de las empresas. En las primeras industrias textiles británicas, características de la primera fase de la Revolución Industria (1770-1830), estos capitales procedieron principalmente de los beneficios acumulados por comerciantes, y también de los ahorros de algunos propietarios agrícolas. La inversión necesaria para montar una fábrica textil era relativamente pequeña, y los beneficios muy altos (30-40% del capital). En poco tiempo las industrias se autofinanciaron y generaron excedentes suficientes para engrandecerse y mejorar técnicamente. Gracias al dominio que Inglaterra tenía del comercio marítimo, los productos industriales británicos inundaron los principales centros comerciales del mundo.
Sin embargo, con el inicio de la segunda fase de la Revolución Industrial a mediados del siglo XIX, el surgimiento de sectores como la minería, la siderurgia y los transportes (ferrocarriles y barcos a vapor) requirió inversiones mucho más
fuertes. Fue entonces necesario recurrir a una fuente de financiación externa al sector industrial: las empresas se transformaron en sociedades anónimas y emitieron acciones u obligaciones con el objetivo de conseguir capitales provenientes de otros sectores económicos.
En estas sociedades el capital de la empresa es fraccionado en partes o acciones que son vendidas al público.
El comprador de las acciones (accionista) es propietario de la empresa en una parte proporcional al número de acciones que posee y recibe la parte, también proporcional, de los beneficios de la empresa (dividendos). Si las empresas no quieren aumentar el número de propietarios, también pueden emitir obligaciones, que dan a los compradores un interés anual fijo hasta la amortización del capital que han aportado. Acciones y obligaciones se cotizan en las Bolsas, donde cada día los agentes de cambio negocian miles de títulos que varían en su valor en función de la oferta y la demanda.
A su vez, los bancos también alcanzaron un nuevo protagonismo a raíz del proceso de industrialización. Se consolidaron
dos grandes tipos de instituciones bancarias: los bancos de inversión, especializados en préstamos a largo plazo y partícipes del capital de la empresa, y los bancos de depósito, que guardaban los ahorros de los particulares por medio de depósitos a la vista, que podian ser retirados en cualquier momento. Los bancos se convirtieron en los suministradores de capital para las industrias (concediendo préstamos con interés, realizando inversiones en Bolsa,
etc.). También ofrecieron sistemas para agilizar lastransacciones (letras de cambio, pagarés, cheques, etc.) y facilitaron los intercambios con la emisión de papel moneda.
 
La Fábrica: una nueva organización del trabajo
La Revolución Industrial no se limitó a la aplicación de nuevas técnicas de producción. La aparición de las nuevas máquinas, por su costo y sus grandes dimensiones, contribuyó a la desaparición del sistema de producción artesanal organizado en talleres, y a su progresiva sustitución por una nueva forma de organización del trabajo centrada en la fábrica.
Las primeras fábricas eran, en realidad, pequeños establecimientos instalados junto a los ríos para proteger de la intemperie las waterframe (máquinas movidas por energía hidráulica a través de los ríos), generalmente en zonas rurales cercanas a algún pueblo. Los nuevos industriales -los dueños de las fábricas y de los medios de producción (máquinas y herramientas)- descubrieron que la fábrica tenía para ellos una ventaja fundamental: al separar al trabajador de su casa, podían controlar la disciplina laboral y mejorar los rendimientos. En este contexto, el capataz. visto por los trabajadores como un verdadero tirano, se convirtió en una figura fundamental de la nueva industria.
Con la aplicación de la fuerza del vapor, las fábricas ya no necesitaron estar cerca de los ríos y pudieron instalarse
en las ciudades, más convenientes no sólo porque éstas estaban mejor comunicadas, sino también porque allí residía una abundante mano de obra. 
 
Las nuevas condiciones laborales
Las fábricas resultaron beneficiosas para los nuevos industriales, pero, en cambio, empeoraron en forma dramática las condiciones de trabajo y, en general, la calidad de vida en las nuevas ciudades industriales. Las fábricas solían ser oscuras, húmedas, ruidosas y poco ventiladas, por eso no era extraño que se convirtieran en focos para todo tipo de enfermedades mortales, en especial, la tuberculosis. Además, los trabajadores tenían que soportar extensas jornadas, de hasta dieciséis horas, con apenas unos minutos de descanso. Así, el ritmo de trabajo impuesto por las máquinas era agotador. A esto se sumaba que la disciplina, custodiada por los capataces, era absolutamente rígida y la amenaza de despido pesaba sobre todos los obreros. 
Por otra parte, la formación de barrios industriales afectó la salubridad de todas las ciudades involucradas en este proceso, en especial, en el norte de Inglaterra. Manchester, la más importante de las nuevas ciudades industriales, era descripta como una ciudad gris, oscura y sucia, consecuencia del humo y el hollín de carbón lanzados al aire por las máquinas de vapor. Los nuevos barrios obreros, pobres y sin servicios públicos, eran también focos de enfermedades como el cólera, que provocaba innumerables muertes.
Friedric Engels, uno de los fundadores del Socialismo, describía con estas palabras  un barrio obrero de la ciudad de Manchester: "Así son los barrios obreros de Manchester, como tuve ocasión de observarlo yo mismo durante veinte meses. Debemos decir que los 350.000 obreros de Manchester y de sus suburbios habitan casi todos en viviendas malas, húmedas y sucias; que las calles de estos barrios están en peor estado y la mayor suciedad, sin ningún cuidado por la ventilación; y dispuestas sólo con vistas a la ganancia del constructor. Y que en esas habitaciones sólo una raza ya no humana, degradada, enferma del cuerpo, moral y físicamente rebajada al nivel de las bestias, puede sentirse feliz y a su gusto".
Recién en el último tercio del siglo XIX, con el aumento de la organización y las luchas de los trabajadores, los estados europeos comenzaron a establecer leyes para mejorar la situación laboral y habitacional de los obreros industriales.
 
INDUSTRIALES Y OBREROS
La Revolución Industrial produjo cambios fundamentales en la organización de los grupos sociales y en las relaciones entre ellos. Se configuraron nuevos grupos sociales: la burguesía industrial y los obreros o trabajadores industriales. En ningún lugar fue más evidente este cambio que en aquellas ciudades del norte de Gran Bretaña que recibieron de lleno el impacto de la industrialización, aunque, con el tiempo, este proceso se extendió a muchas otras ciudades del mundo.
 
La burguesía industrial
El origen de los primeros industriales fue tan modesto como el de las propias industrias. Por lo general, se trataba 
de antiguos maestros artesanos, comerciantes dedicados al sistema domiciliario o, en ocasiones, hasta de algunos campesinos o artesanos particularmente emprendedores. Esto fue posible porque, en sus comienzos, no eran necesarios grandes capitales para instalar una fábrica.
A medida que el negocio crecía, también aumentaban la riqueza y el prestigio de estos hombres, que, a su vez, iban cobrando conciencia de ser un nuevo grupo y de su enorme importancia para el futuro económico de Gran Bretaña. No sólo compartían una serie de convicciones económicas, referidas a la libertad para ejercer sus negocios, sino que también tenían en común valores de austeridad y ahorro, muchas veces relacionados con principios religiosos.
 
Los trabajadores industriales
Los trabajadores de las nuevas industrias fueron reclutados fundamentalmente de entre los innumerables campesinos que se habían visto obligados a emigrar a las ciudades después de haber perdido sus tierras en manos de la nueva clase terrateniente. Éstos, necesitados de liberar la tierra de las viejas formas económicas feudales para poder aplicar las nuevas técnicas ligadas a la producción capitalista, impulsaron la expulsión de los antiguos campesinos de sus parcelas. Pero también el proletariado se nutrió de antiguos obreros artesanales, quienes ya no podían competir con los nuevos productos de origen industrial. 
La adaptación a las nuevas formas de trabajo no fue fácil por las pésimas condiciones laborales, situación a la que se sumaban la inestabilidad laboral y los abusos de los industriales. En general, era sencillo manejar las máquinas, por eso era habitual que los patrones contrataran a mujeres y hasta a niños pequeños para mantener los salarios más bajos, lo que agravaba aun más la situación de los obreros. Si mantenían los salarios obreros bajos, los nuevos empresarios podían obtener altas ganancias. 
Al igual que los industriales, estos nuevos trabajadores fueron cobrando conciencia de ser un nuevo grupo social. Se organizaron, primero, en sociedades de socorro mutuo, destinadas a protegerse ante enfermedades o despidos. Así nacieron también los primeros sindicatos o trade unions, que sirvieron para exigir mejoras en los salarios y en las condiciones de trabajo. Pronto unieron estos reclamos con otros más específicamente políticos, y de esa unión surgirían, después de 1848, verdaderas ideologías obreras como el socialismo o el anarquismo, que estudiaremos más adelante.
  
 
Actividad:
En equipos de dos o tres integrantes responder:
  1. Explicar la relación que se establece entre la burguesía y el proletariado en el capitalismo.
  2. ¿Por qué se producen crisis en el capitalismo? ¿Cómo se expresan estas crisis? ¿Qué consecuencias traen?
  3. ¿De dónde surgió el capital necesario para las primeras fábricas textiles?
  4. ¿Qué instrumentos financieros se desarrollaron para conseguir el capital necesario para industrias más complejas como la minería y los ferrocarriles?
  5. Resumir brevemente el proceso de surgimiento de las fábricas. ¿Qué ventaja tuvo para los empresarios el poder reunir a los trabajadores en un mismo lugar?
  6. ¿Cuál fue el origen de los primeros burgueses industriales y de los primeros obreros industriales?
  7. Elaborar una red conceptual con los conceptos claves, las ideas principales y secundarias del texto trabajado en las respuestas anteriores.
Fuente: Docentes de Ciencias Sociales
Fecha: 1/5/2018 | Creado por: Maia
Categoria: 1° TRIMESTRE
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