Según investigaciones realizadas, las nuevas tecnologías avanzarán sobre las modalidades tradicionales en el mundo de la palabra impresa, cambiando las formas editoriales, la difusión y el consumo de textos, tanto en forma particular como en los servicios de Biblioteca. ¿Nos adaptaremos al cambio?

Veronica Chiaravalli
Enviada especial

GUADALAJARA.- Aquí, en esta ciudad, el mismo futuro -aparentemente inevitable- que para algunos se cierne como una amenaza se abre para otros como un horizonte de posibilidades infinitas: las nuevas tecnologías digitales aplicadas a la conservación y difusión de la palabra impresa han generado en el corazón de la Feria Internacional del Libro más importante de la industria editorial hispanohablante cantidad de debates, conferencias, investigaciones y encuestas.

La inquietud, aunque declinada según el caso que afecte, es siempre una y bastante básica: ¿sobrevivirá la palabra impresa?; ¿hará lo propio la biblioteca tradicional?

Eso, en el fondo, es lo que se preguntan los editores de libros tal como los conocemos y los frecuentamos mayoritariamente hoy, es decir, en papel; los escritores, parte de cuya existencia está asociada al negocio editorial; los lectores, que tal vez deban cambiar de hábitos. Hay respuestas optimistas, cautelosas y pesimistas.

Durante el último fin de semana el Grupo Integra realizó una encuesta en la FIL, donde interrogó a 300 personas del público acerca del futuro de las publicaciones en papel y de las bibliotecas. Los resultados, en verdad, tienen poco de ese vértigo transformador que marea a quienes se aferran a lo conocido. Aunque el 89% de los consultados considera que dentro de diez años su principal fuente de información será electrónica, el 59% cree que para esa fecha el libro impreso todavía seguirá constituyendo el principal acervo de las bibliotecas, y esa misma cantidad de gente se imagina la biblioteca del futuro como un espacio físico donde se podrá consultar tanto información en papel como digital. Además, el 64% piensa que la gente seguirá asistiendo a las bibliotecas tradicionales (es decir, de libros impresos) y el 82% de este grupo augura que así será al menos durante los próximos diez años.

El tema ronda de una u otra manera cada encuentro de artistas o profesionales en la Feria. La escritora argentina Laura Devetach, a quien le acaban de entregar el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil, dijo: "Vivimos en una etapa de cierto desasosiego frente a las nuevas tecnologías. Pero si nos tomáramos el trabajo de construir el campo intelectual, como deberíamos hacerlo, se podrían integrar ambos mundos. Yo vengo del papel y creo en la convivencia de lo nuevo y lo ya establecido".

Ricardo Piglia, que vino a presentar su última novela, Blanco nocturno , también reflexionó sobre el tema: "Aunque todo lo demás se haya acelerado, seguimos leyendo a la misma velocidad que se leía en la época de Aristóteles, no se ha inventado el chip que acelere la lectura. Esa temporalidad tiene que ver con el cuerpo humano. La defensa del libro no es una defensa arcaica; es la defensa de una temporalidad específica".

Las opiniones más vehementes hasta ahora han sido las del novelista colombiano (nacionalizado mexicano) Fernando Vallejo. En la segunda edición del "Forum Atlántida. La función social del editor", organizado por la FIL y la agrupación de editores catalanes, manifestó que la tecnología electrónica conlleva la muerte del libro, porque permite introducir cambios en los contenidos y, por lo tanto, manipular y modificar la obra del autor.

Irónico y con una calidez que desmiente su humor atrabiliario, Vallejo leyó una ponencia que levantó murmullos, aplausos y carcajadas en el público. "¿Qué va a ser del libro? -se preguntó-. Pues que su versión virtual, digital, lo va a acabar. Y no porque podamos pasar a un libro electrónico, con un clic, bibliotecas enteras sin pagar, que eso sería lo bueno, sino porque los libros electrónicos se pueden manipular, y al poderles cambiar uno la tipografía también les puede cambiar el texto, y eso es gravísimo. Por ahí va a empezar el acabose. ¿Se imaginan cuando a la canalla de Internet le dé por poner en un libro ajeno y firmado por otro las calumnias y miserias propias y lo echen a andar por el mundo? ¿Qué va a ser del autor?"

Y añadió: "En el libro manuscrito de antes de Gutenberg, y después en el impreso, también se podía manipular el texto, pero no era fácil. Pasar al pergamino o al papiro un libro manuscrito para después echarlo a circular con una falsedad tomaba mucho esfuerzo y mucho tiempo: meses, años. Y una edición impresa cuesta mucho. Pero ¡qué cuesta calumniar por Internet!

Más que la piratería electrónica que se ve venir y que se me hace maravillosa, pues no hay que ponerle barreras al espíritu, lo terrible es que la posibilidad de que un cualquiera, la chusma de Internet, pueda modificar los libros. Para escritores y editores el panorama lo veo sombrío. Que Dios nos agarre confesados", concluyó.

 

Fuente: www.lanación.com.ar
Fecha: 27/8/2012 | Creado por: Rita Beatriz
Etiquetas: Belgrano, Biblioteca, por que leer