Los temas que trabajaremos durante todo el año.

Acá van a encontrar una actividad para pensar la inserción de América Latina al mercado mundial en el contexto de la segunda etapa de la Revolución Industrial. Se verá el caso particular de Argentina y la conquista del territorio indígena en este contexto.

La inserción de Latinoamérica al mercado mundial

Durante la segunda mitad del siglo XIX, en la nueva división internacional del trabajo, Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos, se habían especializado como productores de manufacturas industriales.

En el contexto de ese proceso, las economías de los países latinoamericanos se incorporaron al mercado capitalista mundial como compradores de los productos industriales y como productores de alimentos y materias primas destinados a los centros industrializados.

Así, en el sistema capitalista internacional se fueron diferenciando los centros y las periferias.

Al mismo tiempo, en cada país latinoamericano se iniciaron profundas transformaciones internas vinculadas con la utilización, disponibilidad y propiedad de las tierras, la inversión de capitales, el comercio exterior, la infraestructura y las comunicaciones.

En todo el continente se fue desintegrando el sistema de trabajo esclavo y se generalizaron las relaciones asalariadas de producción.

En algunos países, los capitalistas locales lograron mantener el “control nacional” de la tierra y del sector productivo de exportación y su comercialización.

En otros, las producciones para la exportación quedaron en manos de capitales extranjeros y se constituyeron verdaderos “enclaves económicos”.

Este proceso de profundas transformaciones económicas estuvo acompañado de una reorganización de las instituciones políticas, fuertes tensiones y conflictividad social.

Clasificación de las distintas economías latinoamericanas en función de su producción

En su obra “La economía latinoamericana desde la conquista ibérica hasta la revolución cubana”, el economista brasileño Celso Furtado (1920-2004) tipificó o clasificó a las economías latinoamericanas exportadoras de productos primarios del siglo XIX en tres grupos: economías exportadoras de productos primarios agrícolas de clima templado –carne y cerales–, economías exportadoras de productos primarios de clima tropical –azúcar, cacao, tabaco, café–, y economías exportadoras de productos minerales –cobre, estaño, entre otros–.

Actividad 1

1) Leer el siguiente fragmento y explicar con sus palabras cuál es la diferencia entre una economía de enclave y una de control nacional.

En algunas sociedades latinoamericanas, los capitalistas locales poseían los recursos políticos y económicos necesarios para poner en marcha las producciones que demandaban los centros capitalistas. Esos recursos de poder eran el control sobre los territorios donde se localizaban los recursos naturales ahora demandados y el capital y la tecnología necesarios para explotarlos. En otras, aunque el Estado controlaba los territorios en los que se localizaban esos recursos naturales, los capitalistas locales no contaban con los capitales necesarios ni con la tecnología adecuada para poner en marcha la producción de las materias primas o los alimentos que demandaba el mercado internacional.
Este cuadro de situación dio origen a dos formas diferentes de organizar las producciones económicas latinoamericanas destinadas a la exportación: la ‘economía de control nacional’ y la ‘economía de enclave’. En algunos países, esas dos formas de organizar la producción económica coexistieron.

Alonso, M. E. y Vázquez, E. C. El mundo contemporáneo. Buenos Aires, Aique, 1999.

2) A partir de la lectura de las siguientes citas completar el cuadro que aparece debajo. 

Documento 1: Economías exportadoras de productos primarios de clima templado

Al primer grupo (economías exportadoras de productos primarios de clima templado) pertenecen Argentina y Uruguay, ya que poseen grandes extensiones de tierras aptas para la producción agropecuaria. Requirieron la instalación de un sistema ferroviario que facilitara el transporte de grandes volúmenes de cereales, y la ampliación de la frontera agrícola [ganadera], que se hizo en perjuicio de los territorios indígenas. Competían en el suministro de sus productos con regiones de la misma Europa, por lo que debieron hacer eficiente la producción actualizándose tecnológicamente. Las ganancias obtenidas en el siglo XIX fueron muy altas, porque al ser productos que no tenían competencia de territorios coloniales (donde la mano de obra es más barata), se podían conseguir buenos precios. Básicamente las exportaciones consistían en cueros, lanas, trigo y carne congelada.

Gallego, M. y otros. Historia Latinoamericana: Sociedades, culturas, procesos políticos y económicos. Buenos Aires, Maipue, 2006.
 

Documento 2: Economías exportadoras de productos primarios de clima tropical

El segundo grupo de países exportadores está constituido por aquellos que se dedican a productos agrícolas tropicales y que, en su conjunto, representan la mayoría de la población latinoamericana. En este grupo quedan incluidos: Brasil, Colombia, Ecuador, los de América Central, los del Caribe, así como también ciertas áreas de México y Venezuela.La incorporación de estos países al mercado internacional capitalista se realiza en competencia con otras áreas de la economía colonial (Asia, África, sur de Estados Unidos): mucha de la producción de dos de los artículos básicos de este grupo, como son el azúcar y el tabaco, tuvieron características coloniales hasta fines del siglo XIX. Sin embargo, la aparición de una considerable demanda de café y cacao a partir de mediados del siglo XIX permitió a Brasil, Colombia, América Central, Venezuela y Ecuador desempeñar un papel muy dinámico en su integración al comercio internacional. Pero el tipo de economías de exportación de productos tropicales tuvo limitaciones en su expansión: pues estos países debían competir con regiones coloniales en donde la mano de obra era abundante y los salarios bajos. Sobre las consecuencias generales de este tipo de economía de exportación de productos tropicales, Celso Furtado afirma: ‘Los productos tropicales, si bien permitieron poblar importantes áreas, en general tuvieron escasa significación como factor de desarrollo. Por un lado, sus precios permanecieron bajo la influencia de reducidos salarios de las regiones coloniales que los producían tradicionalmente. Por otro, dadas sus características, en general no exigieron la construcción de una importante infraestructura, por el contrario, en muchas regiones se continuaron utilizando los medios de transporte anteriores’ (Furtado, C. 1973:57).”

Araya Pochet,Carlos. Historia de América en perspectiva latinoamericana. Costa Rica, EUNED, 1984.
 

Documento 3: Economías de exportación de productos minerales

En los países productores de minerales [México, Perú, Chile y Bolivia], la producción minera pasó en su mayor parte a manos de compañías extranjeras de gran poder financiero y capacidad tecnológica, que constituyeron verdaderas “economías de enclave”. Estos enclaves, que tendieron a comportarse como sistemas económicos separados del sistema productivo nacional, se dieron también en cierto tipo de plantaciones explotadas por organizaciones extranjeras, sobre todo de productos tropicales. Este tipo de economía de enclave se utiliza como criterio para tipificar a algunos países frente a aquellos en los cuales se ejerció un control nacional sobre el sistema productivo y, por tanto, se dieron otros patrones de integración social y distintos tipos de movimientos sociales. Ossenbach Sauter, Gabriela. Estado y Educación en América Latina a partir de su independencia (siglos XIX y XX). En Revista Iberoamericana de Educación, número 1. Estado y Educación. Enero-abril 1993.

 como este.

Luego, complétenlo con información extraída de los textos que analizaron. También pueden incluir algunas imágenes.

 

  Clima templado Clima tropical Productos minerales
Países

Argentina

Uruguay

   
Productos
 
     
Nivel de crecimiento económico (elevado, medio o bajo)      
Tipo de unidad productiva (hacienda o plantación, por ejemplo)y dimensión o escala      
Economía de enclave o control nacional      
Infraestructura, transporte y tecnología      
Distribución social de la riqueza      
Origen de los capitales      
Impacto o consecuencias sobre la vida social y polítical    

Actividad 2

Ver el vídeo 1 (fragmentos del documental "Tierra adentro") y responder:

1) ¿Por qué el Estado argentino emprende la conquista de la Pampa y la Patagonia?

2) ¿Quiénes financian dicha conquista y por qué?

 

A partir del vídeo 2 responder

3) ¿Qué estrategia adoptó el Estado para con los antiguos pobladores de las tierras conquistadas? ¿Quiénes se beneficiaron a partir de dichas estrategias?

4) ¿Qué similitudes y diferencias pueden plantear en las consecuencias para las poblaciones originarias del avance del Estado argentino y las consecuencias del avance colonialista para las poblaciones sometidas por las potencias imperialistas?

 

 

 

 

 

En este proceso las potencias capitalistas europeas ocuparon militarmente grandes extensiones de África y Asia y definieron «el reparto» imperialista del mundo.

  • Fragmento de un flim:

 


Actividad

Lean las fuentes, luego:

  1. Identifiquen el nombre del autor y el año de producción de los diferentes escritos. Busquen quienes fueron y que roles cumplieron en ese momento histórico.

  2. Luego, escriban las ideas principales de cada texto.  

  3. Redacten por grupos un breve texto en den cuenta sobre como se justifica el colonialismo en cada documento. Pueden partir de la siguiente pregunta para elaborar el texto: ¿existen posturas divergentes o están todos de acuerdo?

 

Fuente 1

“El imperialismo es el esfuerzo de los grandes dueños de la industria paro facilitar la salida de su excedente de riqueza, buscando vender o colocar en el extranjero las mercancías o los capitales que el mercado interior no puede absorber....No es el crecimiento industrial el que anhela la apertura de nuevos mercados y de nuevas regiones parca invertir, sino la deficiente distribución del poder adquisitivo la que impide la absorción de mercancías y capital dentro del país. El imperialismo es el fruto de la mala política económica, y el remedio es la reforma social. Si en Inglaterra las personas tuvieran poder adquisitivo, no sería necesario buscar en otras regiones los mercados...”

J. Hobson, El Imperialismo, 1902.

 

Fuente 2

“Estaba ayer en el East End de Londres (barrida obrera) y asistí a una reunión y no se oía más que un grito: “pan, pan”. (…) reflexione sobre lo ocurrido y me sentí todavía más convencido de la importancia del imperialismo (…): Para salvar a los 40 millones de habitantes del Reino Unido de una mortífera guerra civil, nosotros los colonizadores, debemos conquistar nuevas tierras para instalar en ellas el excedente de nuestra población”.

Carta de Cecil Rhodes, colonizador Británico de África, 1895.

 

Fuente 3

“La colonización es la fuerza expansiva de un pueblo, es su potencia de reproducción, es su dilatación y su multiplicación a través del espacio, es la sumisión del universo o de una gran porte de él, a su lengua, a sus costumbres, a sus ideas y a sus leyes. Un pueblo que coloniza es un pueblo que pone los cimientos de su grandeza y de su supremacía futura (...). Desde el punto de vista moral e intelectual, este crecimiento del número de las fuerzas y de las inteligencias humanas modifica y diversifica la producción intelectual. ¿Quién puede negar que la literatura, las artes y las ciencias de una raza determinada al ser amplificados, adquieren un impulso que no se encuentra entre los pueblos de una naturaleza más pasiva y sedentaria? Desde cualquier punto de vista que se adopte, sea que nos contentemos con la consideración de la prosperidad, de la autoridad y de la influencia política, sea que nos elevemos a la contemplación de la grandeza intelectual, he aquí el enunciado de una verdad indiscutible: el pueblo que coloniza más es el primer y mejor pueblo, y sin no lo es hoy, lo será mañana."

P. Leroy-Beaulieu, La colonización en los tiempos modernos, 1874.  

 

¿Qué impidió la formación del Estado-nación argentino después de la revolución de mayo? ¿Por qué se sostiene que este proceso de unificación del territorio comenzó recién en el período 1862-1880?

Extractos del texto de Francisco Corigliano titulado: "Consideraciones acerca de la formación del Estado argentino", que resume alguna de las investigaciones de Ozslak. Se complementa con la presentación que se adjunta y pueden descargar.

"EMANCIPACIÓN Y PROCESO DE FORMACIÓN DEL ESTADO ARGENTINO: EL LARGO CAMINO HACIA LA ORGANIZACIÓN NACIONAL (1810 A 1860)"

Para comprender mejor los factores que posibilitaron a partir de 1860 la formación del Estado argentino, resulta imprescindible examinar las razones del fracaso de los diversos intentos de organización nacional previstos a esa fecha. Por esta razón, el análisis histórico de este trabajo se retrotraerá hasta 1810, considerando cuatro periodos diferentes 1) 1810 a 1829; 2) 1829 a 1852; 3) 1852 a 1860, y 4) 1860 en adelante.

1. Primer periodo (1810 a 1829)

Si bien es cierto que la Revolución de Mayo y las luchas de emancipación iniciadas en 1810 marcaron el comienzo del proceso de creación de la Nación argentina, la ruptura con el poder imperial no produjo automáticamente la emergencia de un Estado nacional. Roto el vínculo colonial, pronto se hizo evidente que el Virreinato del Río de la Plata resultaba un ámbito unificado sólo por el control español. Este virreinato estaba constituido por un conjunto de regiones y provincias con realidades geográficas, políticas, económicas y culturales muy diferentes entre sí.

La Primera Junta de Gobierno surgida a partir de la revolución de mayo en Buenos Aires intentó utilizar la estructura política heredada del poder colonial español —y aún el nombre de Fernando VII— para imponer su autoridad sobre el resto del ex virreinato. Pero las diversas partes del virreinato —Alto Perú, Banda Oriental, Paraguay e incluso las provincias del interior y del litoral— tenían intereses económicos, políticos y culturales que no coincidían con los de Buenos Aires. Así, el movimiento independentista no pudo ganar adhesiones fuera de Buenos Aires. La desaparición del poder colonial español dejó al descubierto la presencia en el futuro ámbito de la República Argentina de tres áreas diferentes en cuanto a tradiciones, historia e intereses políticos y económicos: Buenos Aires —comprendiendo la provincia y el puerto—, el interior mediterráneo y el litoral.

El esquema de dominación que proponía Buenos Aires estaba ligado a la exportación de productos ganaderos como fuente de intercambio con el exterior. El predomino centralizado de Buenos Aires implicaba el control de los recursos obtenidos a través de la Aduana, el fortalecimiento del circuito Buenos Aires-mercado externo y la apertura del resto de las provincias a las importaciones de los países industrializados. En otras palabras, este régimen de libre intercambio de productos en todo el futuro territorio argentino, propuesto por los sectores terratenientes y mercantiles de Buenos Aires, implicaba el certificado de muerte para las incipientes economías del interior, cuya producción artesanal no podía competir con los eficientes productos importados europeos.

Por su parte, la región mediterránea, que abarca las provincias del centro, norte y oeste, comprendía economías de desiguales características y grados de desarrollo. Las barreras aduaneras internas y la competencia del comercio de importación impedían el comercio entre el interior y la región comprendida por las provincias de Buenos Aires y del litoral. Las posibilidades de expansión de la región interior-mediterránea dependían en gran medida de un Estado que limitara las importaciones provenientes de los países industrializados europeos, quitara a Buenos Aires el control exclusivo de la Aduana y destinara una porción importante de las rentas aduaneras a subsidiar los gobiernos provinciales y ayudar a una vinculación entre las provincias del interior y la región pampeano-litoraleña.

Por su parte, y a diferencia del interior mediterráneo, la región del litoral participaba de la exportación de productos ganaderos hacia el exterior y del comercio de importación proveniente de los países industrializados europeos. Pero, si bien compartían con Buenos Aires la necesidad de eliminar las barreras aduaneras y fortalecer el intercambio con el exterior de acuerdo con los postulados librecambistas, las provincias del litoral querían terminar con el dominio exclusivo del puerto por parte de Buenos Aires a través de la sanción de la libre navegación de los ríos interiores y la nacionalización de la Aduana de Buenos Aires.

Estas diferencias regionales eran más importantes que las filiaciones políticas. El conflicto entre federales y unitarios, que la literatura identifica con el origen y desarrollo de las guerras civiles argentinas, reflejaba claramente estas contradicciones entre los distintos intereses de Buenos Aires, litoral e interior mediterráneo.  

El periodo comprendido entre 1810 y 1829 puede ser caracterizado como una etapa en la que Buenos Aires intentó inútilmente imponer un proyecto de organización nacional basado en el control político y económico —a través del dominio de la Aduana— sobre el resto de las provincias. Los distintos intentos de Buenos Aires por imponer proyectos de Constitución con alcance nacional fracasaron. Carecían de aquellos atributos económicos, políticos e ideológico-culturales que son condición necesaria para la formación de un Estado nacional. Los atributos materiales (económicos) estaban ausentes, dado que las diferencias de intereses económicos existentes entre Buenos Aires y las provincias del interior no permitieron la conformación de un mercado en el nivel de la nación, factor ligado estrechamente a la conformación de un Estado nacional. Asimismo, la sola presencia de los proyectos de organización nacional elaborados por Buenos Aires no reflejaba una idea de Estado nacional que integrara en un solo cuerpo a Buenos Aires y a las provincias. No existían vínculos materiales y culturales lo suficientemente sólidos como para hablar de “patria” en el nivel nacional. No existía la Argentina como Nación, como república unida o como patria. Caído el poder colonial español, cada provincia liderada por caudillos locales, se constituyó en unidad política y en símbolo de resistencia al poder de Buenos Aires. Cada provincia se convirtió en la “patria” o la “Nación”. Tres décadas después de declarada la independencia, Esteban Echeverría aún observaba:

La patria, para el correntino, es Corrientes; para el cordobés, Córdoba... para el gaucho, el pago en el que nació. La vida e intereses comunes que envuelven el sentimiento nacional de la patria es una abstracción incomprensible para ellos, y no pueden ver la unidad de la república simbolizada en su nombre.”

Como reflejo más evidente del fracaso de los intentos de centralización  porteña, en 1820 cayó derrotado por las fuerzas dirigidas por los caudillos de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos el último director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y se sucedió hasta 1829 un período en donde cada provincia argentina –incluida Buenos Aires— se autogobernó, tuvo su propio ejército, su propia moneda y su propia administración.

2. Período de 1829 a 1852.

Este período puede ser caracterizado como la etapa teñida por la autoridad de Juan Manuel de Rosas (si bien hubo un lapso entre 1832 y 1835 en el que Rosas no gobernó la Provincia de Buenos Aires, aunque organizó la primera campaña contra los indios al sur de esta provincia). Los dos gobiernos de Rosas (1829-1832 y 1835-1852) encarnaron la vuelta a una forma de orden político peculiar luego de los años de guerra civil y anarquía. Orden peculiar porque, aunque estaba basado en el predomino político-económico de Buenos Aires —cuyo gobierno asumía la representación exterior y simultáneamente seguía manejando los recursos de la Aduana—, se asentaba sobre una suerte de coalición entre Buenos Aires y las provincias que —funcionando como cuasi-Estados dentro de una federación— conservaban su cuota de autonomía política. También era peculiar porque este orden político no estaba institucionalizado en la figura jurídica de una Constitución sino que se basaba en los pactos y coaliciones de facto entre Rosas y los caudillos provinciales. Sin embargo, al mantener las diferencias económicas entre Buenos Aires, el litoral y las provincias del interior, el orden rosista no implicó la constitución de un Estado nacional. Como sostiene Oszlak:

La coalición de fuerzas del litoral, que con apoyo extranjero y de sectores disidentes de Buenos Aires derrotó a Rosas en Caseros (1852), se constituyó en circunstancias de un sostenido aumento de la demanda externa y de nuevos avances tecnológicos disponibles por la segunda Revolución Industrial de los países europeos.

3. Período de 1852 a 1860.

La victoria de Urquiza, caudillo entrerriano que representaba los intereses del litoral y que pasó a reemplazar a Rosas como figura de proyección nacional a partir de la batalla de Caseros, tampoco implicó la inmediata aparición de un Estado nacional. Urquiza, al frente de la llamada Confederación Argentina, no lograba la adhesión de los porteños, ni siquiera tras la promulgación de la Constitución de 1853. De este modo, Buenos Aires se mantuvo separada del resto del país al tiempo que su poderío económico permaneció casi intacto, dado que continuó manejando los recursos de la Aduana, principal fuente de financiamiento para cualquier Estado mientras no se organizara un eficiente sistema de impuestos internos. Por lo tanto, el intento de organización nacional llevado adelante por las provincias tras la caída de Rosas sobrevivió tan sólo hasta 1860, al no contar con el apoyo y los recursos de la provincia más rica y el puerto de ultramar más importante.

4. Período de 1860 en adelante.

La batalla de Pavón (1860) —en la que Mitre, líder de las fuerzas porteñas, derrota a Urquiza, al mando de los ejércitos de la Confederación Argentina— marcó el comienzo del proceso de formación y consolidación del Estado nacional argentino. El Estado surgido de Pavón debió luchar duramente para establecer su dominio en el nivel nacional: así, el gobierno de Mitre debió enfrentar las reacciones de los distintos caudillos del interior, que no se resignaba a perder las prácticas autónomas que atentaban contra el poder central. En este sentido, la creación por parte de Mitre de un ejército nacional en 1864, creando cuerpos de línea que se distribuyeron estratégicamente por el resto del país, constituyó un elemento de evidente valor para eliminar los focos de resistencia armada en las provincias. Cabe destacar que antes de 1860 no existía un ejército nacional, pues cada provincia tenía su propio ejército.

Sin embargo, la presencia del poder central no podía basarse sólo en la fuerza de las armas. Los largos años de guerra civil mostraban que la organización nacional no podía asentarse sobre la represión militar por parte de un poder central. Por su parte, la experiencia rosista había demostrado que la organización nacional tampoco podía asentarse sobre la base de alianzas efímeras entre Buenos Aires y los caudillos provinciales, alianzas que las circunstancias cambiantes se encargaban de desvirtuar. Como sostiene Oszlak, la incidencia del gobierno central en el resto del país se hizo efectiva a partir de 1860 a través de una serie de mecanismos, tanto de carácter material como de carácter político-ideológico, que harían finalmente viable la organización nacional; dichos mecanismos pueden dividirse en:

a. represivos, que supusieron la creación de una fuerza militar unificada y distribuida territorialmente con el objeto de sofocar todo intento de alteración del orden impuesto por el Estado nacional.

b. cooptativos, que incluyeron el crecimiento tanto de personal civil como militar en el interior designado por el gobierno nacional y la intervención federal del Poder Ejecutivo Nacional, que le permitía controlar a su favor la evolución de los asuntos internos provinciales. Otro mecanismo de cooptación que se suma a los anteriormente señalados consistía en el otorgamiento —o suspensión— por parte del gobierno nacional de subsidios a las provincias para captar la adhesión de las distintas burguesías locales y de los gobiernos provinciales.

c. materiales, que comprendieron diversas formas de avance del Estado nacional a través de la localización en territorio provincial de obras y servicios

d. ideológicos, que consistieron en la capacidad de difusión y creación de valores, conocimientos y símbolos reforzadores de sentimientos de nacionalidad que tendían a legitimar el sistema de dominación establecido. Ejemplo de este mecanismo ideológico fue el sistema de educación estatal, que constituyó una herramienta del gobierno nacional destinada a “argentinizar” a los hijos de inmigrantes a través de la difusión de contenidos y símbolos culturales patrios en las escuelas.

Dentro de estos mecanismos de crecimiento del poder estatal, no hay que olvidar la importancia que tuvo para la formación de un Estado nacional a partir de 1860 un conjunto de factores materiales, entre los que se destacan el aumento de la demanda de productos agropecuarios por parte de la Euiropa industrializada (especialmente Gran Bretaña) —el aumento de la demanda británica de lana se produjo justamente en la década del ´60 del siglo XIX— y la posibilidad para la Argentina de acceder a avances tecnológicos, como el ferrocarril y el telégrafo, que permitieron una mejor y más fluida comunicación entre los distintos puntos del país, posibilidad impensable en los períodos anteriores a 1860.

 

 

Fuentes para trabajar en clase.

En el adjunto van a encontrar fuentes secundarias de distintos períodos que presentan distintas interpretaciones sobre Rosas y sus gobiernos.

Un texto breve para reforzar el concepto de caudillismo.

Hacer las actividades del sway y los puntos 14, 15, 16 y 18 de la página 137 del libro de texto.

 

 

Presentación para trabajar cómo se produjeron los procesos emancipatorios en América Latina, centrándonos en el Río de la Plata.

 

 

Acá les dejo una actividad y contenidos para trabajar sobre el proceso de independencia.

Árbol de contenidos 

 

¡A jugar! 

 

 

Actividad sobre las reformas para hacer en clase.

Descargar el adjunto para leer el texto y hacer la actividad que está al final.

Actividad para trabajar el concepto de "Capitalismo".

Leé el siguiente texto y luego realizá las actividades que figuran en el .doc adjunto. 

NOTA: Consultá con tu docente la forma de entrega de este trabajo.

 

EL CAPITALISMO
 
El sistema fabril de producción estuvo ligado al nacimiento y consolidación del capitalismo industrial como sistema económico y del liberalismo como doctrina económica (que veremos más adelante). El nuevo sistema instauró la división entre capital (burguesía) y trabajo (proletariado), la apropiación individual de las ganancias, y la reinversión y la innovación técnica constantes como elementos necesarios para el mantenimiento del sistema.
 
Rasgos fundamentales del sistema capitalista
El capitalismo es un sistema en el que los instrumentos de producción, es decir, las fábricas y los stocks de bienes son, predominantemente, de propiedad privada. Esta propiedad se concentra en muy pocas manos, en la burguesía, lo que hace que una parte muy grande de la población, el proletariado, no tenga ninguna propiedad relacionada con la producción, y posea únicamente la fuerza de su trabajo, que tiene que vender a cambio de un salario. Asimismo, y para que los capitalistas vivan de su propiedad, es necesario que los trabajadores produzcan más de lo que ganan, es decir, generen un excedente, que es el elemento esencial del beneficio capitalista.
Además, el capitalismo es un sistema de iniciativa libre, no planificado, que tiene como objetivo la obtención del máximo
beneficio. Es decir, es un sistema de libre competencia entre individuos particulares, sin intervención del Estado, en el que el mercado sólo se regula mediante la ley de la oferta y la demanda. La competencia entre los empresarios para conquistar mercados provoca una carrera permanente para reducir costos y precios, y para desarrollar nuevos productos, lo que se convierte en un incentivo para la constante renovación tecnológica.
Sin embargo, la falta de planificación y el aumento progresivo de la producción provocan crisis que se repiten cíclicamente. Las crisis no son, por tanto, ocasionales o producto de un fallo del sistema capitalista, sino una forma de
recuperar el equilibrio entre oferta y demanda cuando éste se pierde por exceso o defecto de una u otra. A lo largo
del siglo XIX, las viejas crisis de subsistencia ligadas a las malas cosechas, típicas del sistema feudal, fueron siendo sustituidas por las crisis de sobreproducción industrial. En estas crisis se da un exceso de producción en relación con la capacidad de consumo. Los productos no se venden, los precios se hunden, los beneficios bajan, las empresas cierran y el desempleo se extiende. En esta situación, sólo los empresarios más fuertes sobreviven y sólo ellos son capaces de innovar para encontrar nuevos productos o nuevos mercados que vuelvan a generar demanda.
Por tanto, el capitalismo tiende necesariamente a la concentración de empresas y capitales, tanto por la necesidad
de grandes capitales para innovar e invertir, como porque sólo los más fuertes resisten las crisis.
 
El capital: sociedades y bancos
En la economía industrial el capital se convierte en un bien esencial para el funcionamiento de las empresas. En las primeras industrias textiles británicas, características de la primera fase de la Revolución Industria (1770-1830), estos capitales procedieron principalmente de los beneficios acumulados por comerciantes, y también de los ahorros de algunos propietarios agrícolas. La inversión necesaria para montar una fábrica textil era relativamente pequeña, y los beneficios muy altos (30-40% del capital). En poco tiempo las industrias se autofinanciaron y generaron excedentes suficientes para engrandecerse y mejorar técnicamente. Gracias al dominio que Inglaterra tenía del comercio marítimo, los productos industriales británicos inundaron los principales centros comerciales del mundo.
Sin embargo, con el inicio de la segunda fase de la Revolución Industrial a mediados del siglo XIX, el surgimiento de sectores como la minería, la siderurgia y los transportes (ferrocarriles y barcos a vapor) requirió inversiones mucho más
fuertes. Fue entonces necesario recurrir a una fuente de financiación externa al sector industrial: las empresas se transformaron en sociedades anónimas y emitieron acciones u obligaciones con el objetivo de conseguir capitales provenientes de otros sectores económicos.
En estas sociedades el capital de la empresa es fraccionado en partes o acciones que son vendidas al público.
El comprador de las acciones (accionista) es propietario de la empresa en una parte proporcional al número de acciones que posee y recibe la parte, también proporcional, de los beneficios de la empresa (dividendos). Si las empresas no quieren aumentar el número de propietarios, también pueden emitir obligaciones, que dan a los compradores un interés anual fijo hasta la amortización del capital que han aportado. Acciones y obligaciones se cotizan en las Bolsas, donde cada día los agentes de cambio negocian miles de títulos que varían en su valor en función de la oferta y la demanda.
A su vez, los bancos también alcanzaron un nuevo protagonismo a raíz del proceso de industrialización. Se consolidaron
dos grandes tipos de instituciones bancarias: los bancos de inversión, especializados en préstamos a largo plazo y partícipes del capital de la empresa, y los bancos de depósito, que guardaban los ahorros de los particulares por medio de depósitos a la vista, que podian ser retirados en cualquier momento. Los bancos se convirtieron en los suministradores de capital para las industrias (concediendo préstamos con interés, realizando inversiones en Bolsa,
etc.). También ofrecieron sistemas para agilizar lastransacciones (letras de cambio, pagarés, cheques, etc.) y facilitaron los intercambios con la emisión de papel moneda.
 
 
LA FÁBRICA: UNA NUEVA ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO
La Revolución Industrial no se limitó a la aplicación de nuevas técnicas de producción. La aparición de las nuevas máquinas, por su costo y sus grandes dimensiones, contribuyó a la desaparición del sistema de producción artesanal organizado en talleres, y a su progresiva sustitución por una nueva forma de organización del trabajo centrada en la fábrica.
Las primeras fábricas eran, en realidad, pequeños establecimientos instalados junto a los ríos para proteger de la intemperie las waterframe (máquinas movidas por energía hidráulica a través de los ríos), generalmente en zonas rurales cercanas a algún pueblo. Los nuevos industriales -los dueños de las fábricas y de los medios de producción (máquinas y herramientas)- descubrieron que la fábrica tenía para ellos una ventaja fundamental: al separar al trabajador de su casa, podían controlar la disciplina laboral y mejorar los rendimientos. En este contexto, el capataz. visto por los trabajadores como un verdadero tirano, se convirtió en una figura fundamental de la nueva industria.
Con la aplicación de la fuerza del vapor, las fábricas ya no necesitaron estar cerca de los ríos y pudieron instalarse
en las ciudades, más convenientes no sólo porque éstas estaban mejor comunicadas, sino también porque allí residía una abundante mano de obra. 
 
Las nuevas condiciones laborales
Las fábricas resultaron beneficiosas para los nuevos industriales, pero, en cambio, empeoraron en forma dramática las condiciones de trabajo y, en general, la calidad de vida en las nuevas ciudades industriales. Las fábricas solían ser oscuras, húmedas, ruidosas y poco ventiladas, por eso no era extraño que se convirtieran en focos para todo tipo de enfermedades mortales, en especial, la tuberculosis. Además, los trabajadores tenían que soportar extensas jornadas, de hasta dieciséis horas, con apenas unos minutos de descanso. Así, el ritmo de trabajo impuesto por las máquinas era agotador. A esto se sumaba que la disciplina, custodiada por los capataces, era absolutamente rígida y la amenaza de despido pesaba sobre todos los obreros. 
Por otra parte, la formación de barrios industriales afectó la salubridad de todas las ciudades involucradas en este proceso, en especial, en el norte de Inglaterra. Manchester, la más importante de las nuevas ciudades industriales, era descripta como una ciudad gris, oscura y sucia, consecuencia del humo y el hollín de carbón lanzados al aire por las máquinas de vapor. Los nuevos barrios obreros, pobres y sin servicios públicos, eran también focos de enfermedades como el cólera, que provocaba innumerables muertes.
Friedric Engels, uno de los fundadores del Socialismo, describía con estas palabras  un barrio obrero de la ciudad de Manchester: "Así son los barrios obreros de Manchester, como tuve ocasión de observarlo yo mismo durante veinte meses. Debemos decir que los 350.000 obreros de Manchester y de sus suburbios habitan casi todos en viviendas malas, húmedas y sucias; que las calles de estos barrios están en peor estado y la mayor suciedad, sin ningún cuidado por la ventilación; y dispuestas sólo con vistas a la ganancia del constructor. Y que en esas habitaciones sólo una raza ya no humana, degradada, enferma del cuerpo, moral y físicamente rebajada al nivel de las bestias, puede sentirse feliz y a su gusto".
Recién en el último tercio del siglo XIX, con el aumento de la organización y las luchas de los trabajadores, los estados europeos comenzaron a establecer leyes para mejorar la situación laboral y habitacional de los obreros industriales.
 
 
INDUSTRIALES Y OBREROS
La Revolución Industrial produjo cambios fundamentales en la organización de los grupos sociales y en las relaciones entre ellos. Se configuraron nuevos grupos sociales: la burguesía industrial y los obreros o trabajadores industriales. En ningún lugar fue más evidente este cambio que en aquellas ciudades del norte de Gran Bretaña que recibieron de lleno el impacto de la industrialización, aunque, con el tiempo, este proceso se extendió a muchas otras ciudades del mundo.
 
La burguesía industrial
El origen de los primeros industriales fue tan modesto como el de las propias industrias. Por lo general, se trataba 
de antiguos maestros artesanos, comerciantes dedicados al sistema domiciliario o, en ocasiones, hasta de algunos campesinos o artesanos particularmente emprendedores. Esto fue posible porque, en sus comienzos, no eran necesarios grandes capitales para instalar una fábrica.
A medida que el negocio crecía, también aumentaban la riqueza y el prestigio de estos hombres, que, a su vez, iban cobrando conciencia de ser un nuevo grupo y de su enorme importancia para el futuro económico de Gran Bretaña. No sólo compartían una serie de convicciones económicas, referidas a la libertad para ejercer sus negocios, sino que también tenían en común valores de austeridad y ahorro, muchas veces relacionados con principios religiosos.
 
Los trabajadores industriales
Los trabajadores de las nuevas industrias fueron reclutados fundamentalmente de entre los innumerables campesinos que se habían visto obligados a emigrar a las ciudades después de haber perdido sus tierras en manos de la nueva clase terrateniente. Éstos, necesitados de liberar la tierra de las viejas formas económicas feudales para poder aplicar las nuevas técnicas ligadas a la producción capitalista, impulsaron la expulsión de los antiguos campesinos de sus parcelas. Pero también el proletariado se nutrió de antiguos obreros artesanales, quienes ya no podían competir con los nuevos productos de origen industrial
La adaptación a las nuevas formas de trabajo no fue fácil por las pésimas condiciones laborales, situación a la que se sumaban la inestabilidad laboral y los abusos de los industriales. En general, era sencillo manejar las máquinas, por eso era habitual que los patrones contrataran a mujeres y hasta a niños pequeños para mantener los salarios más bajos, lo que agravaba aun más la situación de los obreros. Si mantenían los salarios obreros bajos, los nuevos empresarios podían obtener altas ganancias. 
Al igual que los industriales, estos nuevos trabajadores fueron cobrando conciencia de ser un nuevo grupo social. Se organizaron, primero, en sociedades de socorro mutuo, destinadas a protegerse ante enfermedades o despidos. Así nacieron también los primeros sindicatos o trade unions, que sirvieron para exigir mejoras en los salarios y en las condiciones de trabajo. Pronto unieron estos reclamos con otros más específicamente políticos, y de esa unión surgirían, después de 1848, verdaderas ideologías obreras como el socialismo o el anarquismo, que estudiaremos más adelante.
 

¿Qué pasó luego de la caída de Napoleón? ¿Qué fueron las revoluciones burguesas? ¿Cuando dejó de ser revolucionaria la burguesía? ¿Qué propuso Karl Marx?

 

 

 

 

Actividades para trabajar con el libro en clase.

Texto para trabajar el concepto de "Doble Revolución", acuñado por el historiador Eric Hobsbawm, que da inicio a la Edad Contemporánea.

Leé el siguiente texto y luego realizá las actividades que figuran en el .doc adjunto. Grabá una copia del documento con tus respuestas en tu Carpeta de Sociales (Disco Virtual).

NOTA: Consultá con tu docente la forma de entrega de este trabajo.

 

LA DOBLE REVOLUCIÓN

Entre 1789 y 1848 se produce la mayor transformación en la historia de la Humanidad desde la invención de la agricultura, la aparición de la escritura y el surgimiento de las ciudades y los Estados. Esta transformación se inicia a partir de dos procesos históricos que ocurren en forma simultánea en el noroeste europeo: la Revolución Industrial y la Revolución Francesa
Gracias al impulso de la nueva economía industrial inglesa, y a la rápida difusión de las ideas liberales y las nuevas formas políticas originadas durante la Revolución Francesa, el escenario de las transformaciones lentamente se va extendiendo hasta abarcar, directa o indirectamente, al mundo entero. De esta manera, se inicia una nueva etapa en el proceso de expansión europea, que había comenzado a finales del siglo XV con el Descubrimiento y la Conquista de América. A lo largo del siglo XIX, los modelos económicos, políticos, sociales y culturales europeos irán configurando las características fundamentales de la Edad Contemporánea.
Para comprender las tranformaciones políticas, económicas y sociales que la Revolución Industrial y la Revolución Francesa provocaron a nivel global, el historiador británico Eric Hobsbawm acuñó el concepto de Doble Revolución. Según este autor, si bien dichos procesos históricos se desarrollaron en forma autónoma, el impacto universal de ambos no puede ser comprendido si no se los piensa como fenómenos que influyeron de manera simultánea en el resto del planeta.
El término “Revolución” es utilizado muy frecuentemente para referirse a un proceso de cambios profundos en determinadas sociedades históricas, aunque no siempre posee el mismo significado. Hay un uso amplio del término, en el cual ese proceso ocurre sin especificar su duración en el tiempo, ni tampoco el grado de conciencia que los hombres de ese momento poseen acerca de los cambios que están viviendo. Es decir, podría tratarse de una revolución que se prolongue por meses, años, décadas o hasta incluso siglos; y los actores podrían, o no, ser conscientes de ello. 
Y también hay otro uso más estricto del concepto de “Revolución”, que es el que hace referencia a una forma concreta de acción política que postula un cambio radical y casi siempre violento, que luego proyecta sus consecuencias sobre lo económico, lo cultural y lo social. En estas “Revoluciones”, los actores históricos participan en forma más conciente de los acontecimientos, generalmente a partir de una mirada crítica sobre el presente y una proyección de los cambios que pretenden para el futuro cercano.
El concepto de Doble Revolución combina ambos significados.
 
La Revolución Industrial
Iniciada a finales del siglo XVIII en Gran Bretaña, la Revolución Industrial se difundió por Europa y EEUU a lo largo del siglo XIX y principios del XX, transformando profundamente la economía y los sistemas sociales de todos los países en los que se desarrolló, y también los de aquellos en los que, sin haberse implantado allí, sufrieron las consecuencias de la aparición de distintas potencia industriales en el mercado mundial.
Con el término Revolución Industrial designamos el paso de una economía dominada por la agricultura de tipo feudal y la artesanía a otra economía basada en las máquinas, la tecnología, la gran industria, el desarrollo de los transportes y la implantación de la producción capitalista y el consumo en masa. La aparición y la expansión de la aplicación de máquinas movidas por nuevas fuentes de energía dieron comienzo a la era industrial. Las máquinas multiplicaron la eficacia y la productividad del trabajo humano y, utilizadas en el transporte, redujeron las distancias y ampliaron las fronteras del mundo conocido.
También se incrementó la productividad en la agricultura, obteniéndose más alimentos y materias primas con menos mano de obra; de la vieja forma de explotación de la tierra a través de la relación entre señores feudales y siervos, se pasó a una agricultura dominada por propietarios terratenientes de tipo capitalista, que utilizaban en sus campos mano de obra asalariada y aplicaban los nuevos desarrollos teconológícos y las nuevas técnicas de cultivo. De esta manera se logró alimentar a la población de las ciudades en crecimiento. Hacia ellas migraban los campesinos expulsados de sus tierras por el avance de la popiedad capitalista, para convertirse en obreros asalariados de las nuevas industrias.
La primera fase de la Revolución Industrial fue protagonizada por la industria textil del algodón, por la máquina de vapor aplicada a los procesos de hilado y de tejido, y por el carbón como principal combustible. Luego, los transportes marítimos y terrestres de pasajeros y mercaderías también mejoraron, especialmente a partir de la aplicación de la máquina de vapor en trenes y barcos. Gracias a este impulso productivo, Gran Bretaña logró convertirse en el “Taller del Mundo”, siendo el principal exportador de productos industriales.
En muchos períodos de la historia hubo personas que invirtieron su capital con el fin de lograr ganancias, pero se dedicaban a las ventas o a los préstamos de dinero. Mientras tanto, la producción estaba en manos de campesinos o artesanos que trabajaban con herramientas sencillas. La Revolución Industrial requirió fábricas con máquinas complejas, instalaciones grandes y costosas y gran cantidad de materias primas que no podían comprar los trabajadores sino aquellos que contaban con mucho dinero. Un sector de la sociedad, los capitalistas o burguesía, comenzó a invertir en la industria y, de ese modo, transformó totalmente la economía y la sociedad. Los capitalistas se convirtieron en los dueños de las tierras, las fábricas y los medios de producción, mientras que los obreros –trabajadores manuales sin acceso a los medios de producción– se vieron obligados a trabajar por un salario. Esta forma de producir en una sociedad es lo que llamamos sistema capitalista.
Aunque la industrialización permitió fabricar una cantidad hasta entonces impensable de bienes de consumo y mejoró el nivel de vida de muchos seres humanos, no lo hizo de igual manera para todas las clases sociales, ni para todos los países.  
 
La Revolución Francesa
Hacia 1700, la gran mayoría de los Estados europeos estaba gobernada por monarcas absolutos que tenían amplias facultades para hacerse obedecer por sus súbditos, y que afirmaban que el origen de su poder era divino. Los pueblos no los elegían. Esos reyes gobernaban durante toda su vida y, a su muerte, eran sucedidos por alguno de sus hijos, vinculados a través del matrimonio con otros herederos de monarquías europeas. 
Estas monarquías fueron tomando forma durante los siglos XVI y XVII, etapa durante la cual la mayoría de los reyes europeos lograron concentrar en sus manos todo el poder político. Para sostener y consolidar esa centralización del poder, los monarcas organizaron burocracias integradas por funcionarios que administraban su reino. También crearon un nuevo sistema de impuestos, del cual obtenían los recursos económicos necesarios para reclutar ejércitos de mercenarios destinados a reprimir los levantamientos internos y para luchar en guerras externas. El ejemplo más exitoso del absolutismo fue el de la monarquía francesa, en especial, durante los reinados de Luis XIII de Barbón (1610-1643) y de su hijo Luis XIV (1643-1715).
Pese a que en la teoría del origen divino del poder real todos los súbditos del reino estaban subordinados a la autoridad absoluta del rey, existían entre ellos importantes diferencias de estatus jurídico y condición económica. A este tipo de estructura social se la conoce como Antiguo Régimen. La nobleza y el alto clero eran las clases privilegiadas. Si bien los nobles habían debido someterse al poder del rey, continuaban conservando una amplia gama de privilegios, como tribunales especiales, y exención en el pago de impuestos. Este último privilegio también les correspondía a los sectores del alto clero. Por debajo de ellos se encontraba la burguesía, integrada por comerciantes, financistas y profesionales. Durante los siglos XVI y XVII, los burgueses ampliaron sus riquezas y actividades. Muchos compraron títulos nobiliarios para coronar su ascenso económico, lo cual generaba recelos y tensiones con la nobleza más tradicional. Los campesinos, que conformaban la mayor parte de la población de la casi totalidad de los reinos europeos, fueron los sectores más perjudicados por la consolidación del absolutismo, porque a los impuestos que debían pagar a los nobles se sumaron los nuevos impuestos reales.
Pero desde fines del siglo XVIII, Europa occidental y América del Norte se vieron sacudidas por una sucesión de revoluciones políticas que se extendieron hasta 1848, y que, al grito de libertad, igualdad y soberanía del pueblo, modificaron las formas de entender la relación entre los gobernantes y los gobernados en todo el planeta, llevando así a la práctica el principio liberal de división de poderes (en ejecutivo, legislativo y judicial) e implementando la redacción de diferentes constituciones (que regulaban y limitaban a la vez el accionar de esos gobernantes). 
La Revolución Francesa (1789-1815) se extendió luego en olas de revoluciones liberales (1820, 1830 y 1848) encabezadas por las burguesías de distintos países europeos con el objetivo de implementar regímenes que le permitieran consolidar su poder económico a través del acceso y el control del poder político, hasta entonces negado por la estructura de las monarquías absolutistas. Estas “olas” revolucionarias fueron liquidando al Antiguo Régimen en los distintos países europeos, al instalar diferentes formas de gobierno basadas en la democracia y la soberanía popular, que abarcaban desde regímenes republicanos hasta monarquías constitucionales.
 
El mundo hacia 1850
Tras la Doble Revolución, el mundo había cambiado profundamente. Aunque a mediados de siglo XIX había países en donde perduraban regímenes autocráticos (Rusia, por ejemplo), y en otros aún existían reyes y nobles, ya no tenían tanto poder como antes. Las monarquías, allí donde no fueron reemplazadas por sistemas republicanos, estaban limitadas por las distintos regímenes constitucionales adoptados en cada país. Y la tierra, viejo símbolo de estatus y riqueza, lentamente se iba volcando a la producción capitalista. Si bien la mayoría de las personas continuaba viviendo en el ámbito rural, era en las ciudades, en la fábricas y en el capital donde se delineaba el futuro próximo.
Las nuevas clases sociales surgidas al calor de la Doble Revolución pasaron a ser las verdaderas protagonistas del momento: la burguesía industrial se enriquecía cada vez más, acumulando fábricas, tierras y negocios, y su crecimiento político era imposible de frenar; organizaba partidos políticos, influía cada vez más sobre los gobiernos y participaba activamente en los parlamentos. Por otro lado, el proletariado, que crecía en número de la mano de la expansión industrial, empezaba a desarrollar sus propias formas de organización sindical y de acción política, y comenzaba a luchar por sus reivindicaciones. En la relación entre ambas clases sociales se irá tejiendo el devenir del mundo contemporáneo.

Consignas para el TP

En el adjunto van a encontrar un cuestionario para trabajar con el texto "EMANCIPACIÓN Y PROCESO DE FORMACIÓN DEL ESTADO ARGENTINO: EL LARGO CAMINO HACIA LA ORGANIZACIÓN NACIONAL (1810 A 1860)"

Fecha de entrega: en la clase de historia correspondiente de la semana del 15 al 19 de octubre.

El trabajo se debe realizar en parejas y se debe entregar impreso (pueden hacerlo manualmente siempre que trabajen de forma prolija). En el archivo adjunto encontrarán las consignas.

 

En el adjunto van a encontrar un pdf para ampliar la información del manual.

Acá van a encontrar la guía de preguntas para orientar la lectura del libro.

Acá van a encontrar una cronología para ubicar los sucesos más importantes que influyeron en los procesos independentistas.

Introducción y red conceptual para trabajar el capitalismo

¿Por qué estudiamos la consolidaciòn del capitalismo?

El desarrollo industrial, el progreso, la miseria, la participaciòn polìtica y los conflictos sociales son algunos de los temas que actualmente preocupan a nuestra sociedad. Muchos de ellos surgieron durante la etapa en que se fue consolidando el capitalismo en la primera mitad del siglo XIX.

Ya conocen los efectos econòmicos y sociales que produjo la Revolución Industrial en Inglaterra y también los resultados políticos que tuvo la Revolución Francesa desde finales del siglo XVIII. Pero luego del proceso de la doble revolución, ¿por qué no se expandió la industrialización a  todos los países del continente europeo? ¿Cómo repercutió en los trabajadores la consolidación de la industrialización? ¿Son semejantes los problemas que hoy día tienen los obreros a los que tuvieron en aquellos tiempos? Los valores burgueses, sus aspiraciones y ambiciones, ¿se parecen en alguna medida a los de nuestra sociedad contemporánea?

 

Les dejo la guía para que se ordenen con lo que tienen que estudiar del libro. En la guía no se toca el concepto de doble revolución que sí entra en el examen.

La guía está en el archivo adjunto. Cualquier conslta pueden escribirme por esta vía.