Este 23 de septiembre se conmemoran los 65 años de la primera vez que votó la mujer en Argentina. Muchas fueron las mujeres que lucharon por el voto: Alicia Moreau de Justo, Elvira Dellepiane de Rawson, la poetisa Alfonsina Storni y Silvina Ocampo, quienes desde los albores del siglo XX luchaban por la sanción de esta justa normativa.

En la Argentina regía desde 1916 la Ley Sáenz Peña, que propició el sufragio universal y obligatorio pero exclusivamente a los hombres, dejando a las mujeres en un rol de inferioridad cívica que socialmente no era justificado.  El voto femenino era un reclamo histórico de los movimientos feministas, que exigían la igualdad de derechos, deberes y oportunidades entre las mujeres y los hombres. Nueva Zelanda, Australia, Noruega, Uruguay y Rusia, entre muchos otros países, lo habían aprobado a fines de la Primer Guerra Mundial.

Los antecedentes históricos del voto femenino dan cuenta de una  serie de acontecimientos en la provincia de san Juan, allá por el año 1923. Ese año ganó las elecciones a gobernador Aldo Cantoni, fundador del partido Bloquista, y si bien a los pocos meses fue intervenido por el ex presidente Marcelo T. de Alvear, en 1926 recuperó su autonomía federal con Cantoni como gobernante. Inmediatamente se modificó las Constitución provincial y en 1927 se sancionó la nueva Carta Magna que le dio habilitación a las mujeres para votar: veinte años antes de establecer definitivamente el voto femenino, en 1927, la provincia de San Juan fue el primer distrito que le dio la responsabilidad cívica a las mujeres, por ley aunque no de cumplimiento a nivel nacional. Previa inscripción en un padrón, las sanjuaninas votaron por primera vez en 1928 en elecciones municipales y hasta lograron elegir a una mujer como delegada de un municipio.

Esta iniciativa revolucionaria se frustró por el golpe de 1930 y y volvió a tomar rigor de ley en 1951.

El primer proyecto para conseguir el sufragio femenino en nuestro país pertenece al diputado radical por Santa Fe, Rogelio Araya, y fue presentado el 25 de Julio de 1919.

Por entonces diversos países habían establecido el voto de la mujer. Nueva Zelandia, en 1893; Australia, en 1902; Finlandia, en 1906; Noruega, en 1913.

Finalizada la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña otorgó el sufragio femenino en 1918; Italia en 1919; y los Estados Unidos en 1920.

Volviendo a nuestro país, también propiciaron el voto femenino, entre otros, el diputado Frugoni (1922), el diputado Ward (1925), los diputados conservadores José Bustillo (h), Manuel Alvarado y Laureano Landaburu (1929).

En Santa Fe, la Constitución de 1921 aseguró a las mujeres el ejercicio del sufragio municipal, que regiría brevemente. En San Juan, las mujeres obtuvieron en 1917 el derecho a voto en los comicios municipales y provinciales gracias a la reforma constitucional que permitió que -en 1928- las sanjuaninas votaran por primera vez.

En la década del treinta -y más precisamente en 1932- el tema se debatió largamente en la Cámara de Diputados de la Nación, donde el sufragio femenino fue propuesto por los diputados Silvio Ruggieri (Socialista); F de Andries, J.M.Bustillo y Martínez(conservadores). El proyecto resultó aprobado y pasó al Senado, donde quedó estancado.

La socialista Alicia Moreau de Justo, la radical Elvira Rawson, y la independiente Julieta Lanteri fueron íconos de la lucha por los derechos políticos de la mujer.

En 1912, la sanción de la llamada Ley Sáenz Peña propició el sufragio secreto, universal y obligatorio, pero sólo para varones. En 1911, la médica y feminista Julieta Lanteri logró una excepción para votar en elecciones municipales. Ese mismo año, el diputado socialista Alfredo Palacios había presentado el primer proyecto de ley de voto femenino, que no fue tratado.

La iniciativa fue reiterada en el Parlamento Nacional por Silvio Ruggieri en 1935, 1938 y 1942; por el radical Santiago Fassi en 1938 y 1940, y por los legisladores de la Unión Cívica Radical, Bernardino Horne, Leónidas Anastasi, Eduardo Araujo, Raúl Damonte Taborda, Alberto Saá y Miguel Ortiz de Zárate, en agosto de 1939.

Es entonces que desde el proyecto de Palacios de 1911 hasta 1947, se presentaron, sin resultado, otras 22 iniciativas legislativas, entre ellas, otras dos de Palacios, en 1935 y 1938, la última avalada por la Unión de Mujeres Argentinas con la firma de Victoria Ocampo.

El proyecto del voto femenino fue alentado por el peronismo en el Gobierno, y muy particularmente por la mujer del Presidente, Eva Duarte, quien votó por primera y única vez en las elecciones nacionales de 1951, en su cama, donde moriría ocho meses después.

Finalmente, en 1946, el otorgamiento del sufragio femenino figuró en la plataforma electoral de la Unión Cívica Radical, mientras el candidato del Laborismo, Juan Domingo Perón, había manifestado -en declaraciones públicas- su apoyo al voto de la mujer.

 

Una mención especial se requiere para las mujeres del socialismo, entre ellas la ya mencionada Julieta Lanteri.  Ella fue militante feminista y librepensadora. Trabajó incansablemente y utilizó distintas estrategias de acción para obtener el beneficio del voto. Estudiosa de los derechos, concluyó que si bien la mujer no podía votar, nada vedaba que fuese elegida. Solicitó la libreta de enrolamiento, requisito para incorporarse en los padrones electorales, que era un documento confeccionado por autoridades militares que sólo se entregaba a los varones. Se presentó en 1919 como candidata a diputada nacional. En 1920 volvió a presentarse, esta vez como candidata por el Partido Feminista Nacional que había contribuido a crear junto a Alfonsina Storni. El mismo año, con Alicia Moreau, Elvira Rawson y otras compañeras organizó un simulacro de voto femenino al que acudieron más de 4000 porteñas.  Según crónicas de la época, este simulacro fue el hazmerreir de los hombres.  Julieta Lanteri siguió presentándose hasta que el golpe militar de 1930 clausuró el gobierno de Hipólito Yrigoyen.

 

 Simulacro de sufragio femenino, Buenos Aires,1920, AGN 

 

Voto femenino en San Juan, 1928, AGN

 

Julieta Lanteri votndo en La Boca

Alicia Moreau de Justo en una reunión con  mujeres socialistas

Alicia moreau de Justo en el Partido Socialista junto a Ghioldi

 

Si bien este tipo de estrategias tendieron a concentrarse en Buenos Aires, hubo mujeres destacadas en el ámbito provincial, como la mendocina Angélica Mendoza, líder de un grupo de izquierda, que se presentó en 1927 como candidata a la presidencia.
Durante esa época, muy pocas provincias mostraron un régimen electoral diferente al que, desde Buenos Aires, regulaba el territorio nacional. Sin embargo, la Constitución de Santa Fe en 1921, reconoció el derecho de las mujeres a sufragar en las elecciones municipales, el mismo derecho que en esa provincia se le daba a los extranjeros. San Juan las incluyó en su Constitución de 1927 y así las mujeres votaron en1928 en las elecciones provinciales. En 1934 resultó electa por primera vez una mujer en los comicios parlamentarios. Se trató de Emar Acosta, abogada y fundadora de la Asociación de la Cultura Cívica de la Mujer Sanjuanina.

La llegada del peronismo en 1945 y la ola de reivindicaciones sociales que produjo la revolución popular, impulsó la iniciativa que fue tomada como un compromiso de lucha por la propia Evita.

Durante la campaña presidencial de 1946, el Partido Laborista, que presentaba a Perón como candidato a presidente, prometió su aprobación. En paralelo, en julio de 1946, la Asociación Pro Sufragio Femenino lograba junto al senador por Mendoza Lorenzo Soler la presentación de un proyecto de ley que contemplaba los derechos políticos de la mujer, que otorgaba igualdad de género en todos los derechos y deberes que la Constitución y las leyes argentinas otorgaban al hombre. La Comisión de Negocios Constitucionales del Senado aconsejó sólo la sanción de los derechos políticos, y así fue aprobada el 21 de agosto.

 

El proyecto con media sanción fue girado a Diputados, pero allí fue trabado en las comisiones, donde chocaban varios proyectos similares, hasta septiembre de 1947. La presión de las agrupaciones femeninas y de la misma Eva Perón hizo que se retiraran las otras propuestas y que, finalmente, el 9 de septiembre, se votara el proyecto tal como se lo había aprobado en el Senado un año antes.  

Las objeciones partían del legislador Pastor quien propone que la inscripción en el padrón de votantes sea optativa, y sólo después el voto obligatorio para las inscriptas. Esto es, que quede a voluntad de las mujeres la decisión de ejercer sus deberes cívicos. Paternalista ayer y machista en lenguaje contemporáneo, sustenta dos objeciones: la primera, cómo el voto femenino puede fracturar la concordia de los hogares, y la segunda, el hecho de que los fenómenos fisiológicos a los que está sometida la mujer podrían impedirle votar. Reiteradamente se mencionó en la sesión a las mujeres que afuera estaban pegadas a la radio, las que engalanaban los palcos y las que tempranamente habían abandonado fábricas y talleres porque esperaban la ley ese día. Esta idea de marginar a muchas mujeres, especialmente las más humildes, fue rechazada por la mayoría y reprobada por silbidos y pañuelos blancos por la gran cantidad de mujeres que llenaron los balcones del recinto de la Cámara baja.  Como el despacho venía del Senado, y el que se debatía era levemente distinto, no habría ley ese día. La mayoría decidió entonces retirar el despacho y votar el del Senado sin modificaciones. La convivencia, tensa pero fértil, que había acompañado al debate, saltó rápidamente por los aires y en algunos minutos los legisladores se pasaron todas las cuentas pendientes. Pero se votó, y el proyecto de ley fue aprobado por la unanimidad de los 117 legisladores presentes. El 23 de setiembre de 1947, en un acto frente a la CGT, el presidente Perón le entregaba a Evita el decreto del Ejecutivo que lo convertía en ley 13.010. Luego del complejo proceso de empadronamiento femenino, las mujeres votarían por primera vez en el año 1951.

 

Luego de haber sido postergado su tratamiento, la ley de sufragio femenino se aprobó en una sesión especial del Congreso, con miles de mujeres manifestándose en la plaza. El 23 de septiembre, en el mencionado acto de la CGT en la Plaza de Mayo, Perón le entregó a Eva el decreto de promulgación de la ley 13.010. Dijo Eva desde el balcón de la Casa Rosada: “Mujeres de mi Patria: recibo en este instante de manos del Gobierno de la Nación la ley que consagra nuestros derechos cívicos. Y la recibo entre vosotras con la certeza de que lo hago en nombre y representación de todas las mujeres argentinas, sintiendo jubilosamente que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria. Aquí está, hermanas mías, resumida en la letra apretada de pocos artículos, una historia larga de luchas, tropiezos y esperanzas. Por eso hay en ella crispación de indignación, sombra de ataques amenazadores, pero también alegre despertar de auroras triunfales. Y eso último se traduce en la victoria de la mujer sobre las incomprensiones, las negaciones y los intereses creados de las castas repudiadas por nuestro despertar nacional”.

 

El artículo 1° de la ley 13.010 establece: “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”.

Evita posibilitó con su fuerza personal un logro fundamental para las mujeres argentinas en el siglo XX, y tomó las luchas de  muchas mujeres que la precedieron en  defensa de los derechos políticos de la mujer. 

Elecciones presidenciales de 1951, AGN. 

 

Fuentes consultadas:

www.educ.ar

http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=339174&idxSeccion=0

http://www.elhistoriador.com.ar/frases/ascenso_y_auge_del_peronismo/evita_y_la_dificil_sancion_de_la_ley_del_voto_femenino.php

http://www.territoriodigital.com/nota.aspx?c=7501896955179417

http://www.revistacitrica.com.ar/muchacha-que-vas-votando/

Fecha: 19/9/2012 | Creado por: Gladys Ines
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